¿Alguna vez no pudiste entender las decisiones sabias de tus padres en su momento? Conoce lo que aprendí del mío, ¡aquí en Consejo Financiero!
Quiero contarte que la mayoría de los recuerdos de mi infancia son felices, me acuerdo de vivir en un hogar de clase media donde nunca me acosté con hambre, donde siempre hubo para pagar la pensión del cole, para comprar los útiles escolares y los uniformes, navidades muy alegres donde comíamos rico y en general un hogar sin lujos, pero con todo lo necesario para vivir.
No obstante, habían cosas que yo no podía comprender y era porque mis amigos de cuadra y del cole vivían mejor que yo, es decir, vestían ropa mucho más bonita, tenían juguetes nuevos cada navidad, sus familias se iban cada año para la costa de vacaciones y aún sus casas y muebles eran por mucho más bonitos que los nuestros que eran realmente unos vejestorios.
No podía entender porque los papás de otros niños si podían comprarle cosas a sus hijos que mi padre no y en general darles un nivel de vida más divertida que la que mi padre nos daba a nosotros, si no veía una diferencia significativa entre mi padre y el resto de papás de mi cuadra. En otras palabras sufrí el síndrome de la comparación desde muy chico.
Bueno, pues he traído este tema al blog para contarte como fui entendiendo con los años el porqué mi papá no nos dio la vida de lujos que veíamos en otras familias de clase media y que podemos aprender de todo esto. ¿me acompañas?
Decisiones sabias son las paternas
Vale. Para darte contexto lo primero que quiero hacer es contarte acerca de la vida de mi padre.
Resulta que mi padre, Juan Antonio Fernández Mora, nació en una pequeño pueblo llamado Sutatenza en uno de los departamentos más lindos de mi país llamado Boyacá, pero vivió entiendo casi toda su infancia en otro pueblito cercano llamado Guateque.
El asunto es que un día mi abuelo paterno falleció, mi abuela se casa con otro hombre y este hombre al parecer se quedó con el patrimonio que había dejado mi abuelo echando a la calle a mi padre, situación que lo obligó desde muy chico a trabajar y a valerse por si mismo y con el tiempo hacerse cargo de mi abuela, quien terminaría en el futuro también echada a la calle por este hombre.
El asunto es que mi padre comienza a tomar decisiones sabias y a hacer su vida independiente desde muy joven. Creo que trabajo haciendo muchas cosas, entre ellas llegó hasta ser policía y luego conductor, actividad a la que se dedicaría el resto de su vida.
Bueno, pues a comienzos de los 70´S ahorró y se compró un lote en la ciudad de Bogotá, para construir una casa para él y mi abuela e imagino pensando para quien sería su familia en el futuro, cuando se casara y tuviera sus hijos.
Bueno, pues así fue. Tiempo después de conocer a mi madre y con mucho esfuerzo financiar la construcción de su casa, le propuso matrimonio a mi madre, pues para él una de las decisiones sabias era siempre hacer las cosas en orden, es decir ofrecerle primero la estabilidad necesaria antes de casarse con ella.
Bueno, pues esta casa fue en la que nací y crecí, un hogar liderado y proveído por un hombre trabajador de escasa educación, pero un modelo para mí por su responsabilidad, por tener un corazón sano pese haber tenido que vivir seguramente cosas muy difíciles en su vida y a su sabiduría financiera.
Bueno, pues precisamente las razones de esas decisiones sabias y de las buenas prácticas financieras fueron las que dieron con los años respuesta a todos mis interrogantes entorno al estilo de vida que mi padre nos daba.
Lecciones de las decisiones sabias
Vale. La primer respuesta a mis interrogantes de porque mi padre no nos daba un nivel de vida similar al de mis amiguitos es que aunque mi padre era muy trabajador, hacía un trabajo que no era y no es tan bien remunerado como lo es trabajar como chofer, lo que lo llevó hacer algo cuando se es proveedor de una familia de 5 personas y un ingreso modesto: priorizar los gastos.
La razón por la que no teníamos ropa bonita, regalos de navidad todos los años o vacaciones frecuentes, era por la limitación de su ingreso y la prioridad que él debía darle a cubrir primero nuestras necesidades vitales de alimentación, educación y salud, antes que pensar en darnos los lujos que si tenían mis vecinitos.
Y en ese sentido hay algo por lo cual lo honro y son esas decisiones sabias que nos llevaron a que nunca tuvimos problemas de deudas. Aunque mi papá, pudo haberse endeudado para darnos lujos, nunca lo hizo, pese quizás a la presión social de sus pares en esa época o ante nuestras preguntas de porqué no teníamos lo que otras familias sí.
De hecho, cuando un día finalmente cambiamos los destartalados muebles que teníamos en casa por unos baraticos pero al fin y al cabo nuevos, recuerdo ver a mi papá ahorrando para comprarlos y siempre fue así con todo. Si necesitábamos algo en mi casa se ahorraba y luego si se compraba.
Pero hay algo adicional que aprendí de mi padre y fue su inteligencia financiera, pues aunque no vivíamos con lujos, si teníamos algo que no tenían muchos de mis vecinos y era tener como ya te conté, casa y además carro propio imagínate, y no carro particular para pasear, no, sino un carro de servicio público que era con el que trabajaba y producía los ingresos para nuestro casa, carro que había comprado también trabajando y ahorrando disciplinadamente.
Bueno, pues eso es lo que en mi visión de niño no veía: aunque mi padre no me compraba los tenis o la sudadera linda que deseaba, Si tenía la estabilidad emocional que da vivir en casa propia y no tener que vivir de mudanza en mudanza, siempre hubo comida de sobra en nuestra alacena y nunca fui avergonzado delante de mis compañeros del cole porque en mi casa no hubiera para pagar mis útiles escolares, la mensualidad o no tuviera una merienda en mi lonchera.
Conforme crecí entendí el porqué no teníamos lujos y la gran razón era porque mi padre fue siempre muy responsable con la administración del dinero del hogar dándole ojo prioridad a lo esencial y sobre todo nunca vivió de las apariencias, lo cual lo vacunó de cualquier error financiero como endeudarse o despilfarrar el dinero en cosas innecesarias.
En resumen, aunque no teníamos los lujos de otras familias, nuestra situación financiera era muchísimo más sólida, pues aunque no paseáramos, no tuviéramos ropa de marca o aún bicicleta, teníamos activos que se valorizaban como nuestra casa y un activo generador de ingresos, como el vehículo con el que trabajaba mi padre y todo ello sin deudas.
Cuando pasaron los años y mi padre fallece inesperadamente y me toca hacerme cargo de mi casa apenas terminé la secundaría, aunque no fue nada fácil, su ejemplo y el patrimonio que nos dejó, nos ayudó para continuar adelante, haciendo mi camino como nuevo proveedor de mi casa mucho más fácil, pues no es lo mismo tomar una responsabilidad heredando deudas y sin un lugar donde vivir, a tener un patrimonio, que nos dio un buen empujón para prosperar en el futuro.
Para concluir
Bueno, pues esta fue una breve reflexión de las decisiones sabias de mi padre que en mi mente de niño no podía comprender.
Aunque mi padre no tuvo la oportunidad de acceder a una buena educación, fue quizás más inteligente y visionario en el manejo de su vida y el dinero que quizás muchos con más educación y oportunidades, porque podía ver claramente que para sacar a su familia adelante, no necesitaría darnos lujos y cumplir todos nuestros caprichos, no, sino garantizar que tuviéramos lo realmente necesario y sobre todo que pudiéramos estudiar como él no lo había podido hacer, para que nosotros si pudiéramos acceder a mejores oportunidades en nuestra vida.
De hecho, ese fue su último mensaje para mí, a través de la enfermera que lo atendió la noche anterior a su partida con el señor, cuando me dejó dicho “Díganle a mi hijo que estudie” porque sabía que la educación y su ejemplo era el activo más valioso que podía dejarme.
Por eso, amado padre, te doy las gracias, por haberte asegurado de dejarnos lo más valioso que un padre puede dejarle a sus hijos: tu legado y tu ejemplo de vida. El señor te recompense en el cielo por todo tu esfuerzo por darle a tu familia una vida digna.
Espero que este post te haya enseñado tanto como me ha enseñado a mí y te sirva para llevar una vida personal y financiera sabía y equilibrada.
Te dejo con esta frase de las escrituras con la que quisiera concluir este episodio y es:
“Así que tengan cuidado de su manera de vivir. No vivan como necios, sino como sabios, aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son difíciles”.

Deja un comentario