¿En que casos es mejor llegar a un mal acuerdo que a un buen pleito financiero? ¿Como vacunarnos de esto? ¡Te lo cuento aquí, en Consejo Financiero!
Hace un tiempo hablé con una persona cercana que vamos a llamar Julieta, quien me decía que se sentía bastante enojada con una amiga a la que le había prestado plata, porque tras varios meses de escondérsele la había logrado localizar nuevamente y que cuando eso había sucedido, ella le dijo que lo único que le podía pagar era como el 30% del valor de la deuda y que si le servía bien y que si no, que hiciera lo que quisiera, por no decir que hiciera lo que le diera la gana.
Y esta persona me decía, “Fernando, pero ¿Cómo se atreve hacerme semejante propuesta? Yo le presté esa plata confiada porque era mi amiga y ahora me dice que sólo me va a pagar una tercera parte de lo que le presté….Yo creo que mejor me voy a un pleito financiero con ella, hasta que me pague todo lo que me debe…
Entonces le pregunté que si sabía cuanto podría durar un proceso de este tipo y me dijo que como tres años mínimo, a lo que yo le dije, Mira, es mejor un mal acuerdo que un buen pleito, recíbele lo que te quiere pagar y date por bien servida.
Entonces ella me dijo ¿Y dejar que se salga con la suya? Es que me da mucha rabia todo el dinero que voy a perder y no estoy dispuesta a dejar que eso pase.
Para hacerte corta la historia, finalmente creo que Julieta aceptó a regañadientes mi consejo y le aceptó la oferta a su ya ex – amiga de recibirle el 30% terminando ahí el asunto.
Bueno, pues hay situaciones en la vida en donde lo mejor es hacer un mal acuerdo que tener un buen pleito financiero, para nuestra salud emocional y sobre todo financiera, razón por la cual he traído este tema.
Ok. Lo primero que quisiera señalar entorno a este tema es que a la hora de tener un conflicto en el que haya dinero de por medio, es que debemos desligar ojo: nuestras emociones de nuestras decisiones financieras, porque estas últimas no nos permitirán pensar con claridad, haciendo que nuestras finanzas se puedan ver aún más afectadas.
Este era el caso de Julieta, quien estaba resuelta a entablar una acción legal contra su amiga motivada por la rabia que sentía hacia ella, en lugar de pensar en las implicaciones económicas de hacerlo, que a la larga le iban salir más costosas que el dinero que iba a recuperar.
Y esto nos lleva a la segunda reflexión y es que la mejor forma de tomar decisiones financieras es haciendo cuentas, y que mejor que echar calculadora o con el Excel, una valiosa herramienta con la cual podemos cuantificar si una decisión financiera es buena o no.
Imagínate que hace años me estrellé contra un taxi, evento que por cierto me salió carísimo, pues de una parte el taxista se negó rotundamente a responder por los daños y para completar se me había vencido el bendito seguro del carro por esa época y el arreglito del mismo me salió como en unos $3,000 dólares, ¡imagínate!
El asunto es que cuando llegó el policía de transito y levanto el croquis y demás, se logró establecer que el taxista me había cerrado y yo tenía todas las de ganar a la hora de entablar un pleíto financiero, o por lo menos es lo que yo pensé.
Bueno, pues como imaginarás los procesos legales en mi país son demoradísimos y no recuerdo muy bien pero como al año el taxista y yo fuimos citados a comparecer a las oficinas de tránsito. El caso es que el único que llegó fui yo y me dijeron que entonces el pleito financiero seguiría su curso.
Bueno, pues tiempo después fui contactado por la empresa de taxis quien me invitó a conciliar, ofreciéndome como un 20% o un 30% de los daños, a cambio de desistir en el pleito, que podría durar unos cinco años.
Bueno, pues ahí fue cuando empecé hacer un análisis numérico, considerando lo que iba a recuperar si seguía con el proceso vs. Los costos asociados al mismo.
¿Y cuales son las cuentas que hice?
En primer lugar calculé los costos que conllevarían contratar a un abogado, para que me llevara el proceso.
En segundo lugar y quizás lo más costoso de todo, el tiempo que me iba llevar ese tema, en lugar de estar usando ese mismo tiempo de manera productiva.
Y aquí es donde me dí cuenta de algo: y es que me salía más rentable aceptar ese 20% o 30% de indemnización y usar el tiempo que me iba quedar libre para trabajar, y recuperar en mucho menos de cinco años el dinero perdido.
Adicionalmente encontré que aunque poco, el dinero que me iban a entregar de una vez lo podía poner a rentar desde ese momento, generando rendimientos con los cuales en cinco años podía amortiguar un poco más la pérdida.
¿Conclusión? Decidí aceptar dicha indemnización, en lugar de irme a un pleito financiero largo y costoso, que no me representaba mayores utilidades.
Ahora bien: ¿En que casos si vale la pena entablar un pleíto financiero? Bueno, pues cuando lo que se va a recibir compensa con creces los costos legales y el tiempo invertido, y claro, que además se tengan buenas probabilidades de ganar.
Esto en cuanto al análisis entorno a decidir si hacer un mal acuerdo o entablar un buen pleito financiero, pero hay algo más que una situación como esta nos invita a reflexionar y es básicamente en la medicina preventiva, es decir, en que podemos hacer para evitar llegar a una situación de conflicto.
Ahora veremos cuál sería la medicina preventiva para evitar tener el dolor de cabeza de resolver conflictos por dinero.
Y la primera medicina preventiva que puede sonar sumamente antipática es tener como política no prestarle plata a nadie, o prestarla a sabiendas de que esa persona no nos puede llegar a pagar y que eso no nos va a afectar emocional ni financieramente hablando.
Mira, prestar dinero es como decimos en Colombia un rollo, pues pone en riesgo la relación con la persona a la que le estamos prestando y normalmente las relaciones terminan fracturadas cuando hay incumplimiento en la devolución del dinero, en relaciones con amigos cercanos como le sucedió a Julieta y aún peor, cuando le prestamos a la familia.
Y lo peor es que con frecuencia, cuando le cobramos legítimamente a quien nos debe, se ponen bravos… además de todo, ¡salimos a deberles!
Por eso es mejor no prestarle dinero a nadie o prestárselo haciendo de cuenta que es una donación, para evitar afectar nuestras relaciones con esas personas.
Y la segunda medicina preventiva para evitar todo tipo de litigios es elegir cuidadosamente con quien hacemos negocios o nos asociamos, pues muchos de los conflictos que se dan por temas de dinero se originan por la mala selección de socios de negocio o por no dejar las cosas claras desde un principio.
Hay un dicho que dice que no hay nada que pese más que un mal matrimonio, pues lo mismo aplica para los negocios, donde no hay nada que pese más que tener malos socios.
Bueno, ¿entonces cual sería la fórmula para evitarnos semejante predicamento? Fácil, elegir con detenimiento con quien hacemos negocios.
¿Y que consejos podríamos implementar para elegir bien? Bueno, pues de acuerdo a los expertos y en parte por mi experiencia te daría los siguientes:
En primer lugar, asóciate o haz negocios con personas que hayan demostrado integridad en todo lo que hacen, pues ser íntegro es vital a la hora de emprender cualquier negocio y más cuando hay dinero de por medio.
A continuación te sugiero algunas preguntas que te invitaría hacerte antes de elegir: ¿La persona con quien piensas asociarte se caracteriza por decir la verdad? ¿Se caracteriza por ser una persona diligente? ¿es una persona que administra bien su dinero? ¿Es una persona responsable con su familia? ¿Es una persona responsable con sus obligaciones?
Quizás creas que estoy exagerando al sugerirte que mires todas estas cosas, pero créeme, quienes somos en la esfera personal, refleja quienes somos a la hora de trabajar y/o hacer negocios.
En segundo lugar, busca socios que te complementen, es decir que tengan habilidades que tu no tengas o en las que no seas tan fuerte, para que se complementen. No es muy inteligente que te asocies con una muy persona similar a ti, porque tendrán vacíos por cubrir.
En tercer lugar, en la medida de lo posible, no te asocies con tu mejor amigo o con miembros de la familia. ¿Por qué? Porque en este tipo de relaciones es usual que se confunda la amistad o los vínculos de familia con las decisiones de negocio y eso si que es un verdadero problema.
En cuarto lugar, hagan un contrato o un acuerdo de voluntades, donde todo quede claro desde un principio y prevean como solucionar de la manera más detallada posible, todo tipo de eventualidades que se puedan presentar durante la vida del negocio y como van a resolver los conflictos que puedan ocurrir. Como dice el refran: cuentas claras y chocolate espeso.
Cabe aclarar que todas estas medidas no aseguran que puedan haber eventuales desacuerdos, pero al menos mitiga considerablemente el riesgo de terminar haciendo malos acuerdos o pleiteando.
Para concluir
Bueno, pues este fue un breve análisis de cuando es más conveniente hacer un mal acuerdo que tener un buen pleito financiero y la medicina preventiva para evitar tener que llegar a dichas instancias a expensas de nuestra salud emocional y financiera.
Y quisiera cerrar con lo siguiente: El dinero no debería ser motivo de conflicto, no, debería ser motivo de tranquilidad, tranquilidad que se pone en riesgo cuando prestamos dinero o cuando hacemos negocios sin pensarlo bien.
Y a veces decimos que si porque apreciamos a las personas que nos lo proponen o porque tememos afectar la relación si les decimos que no, pero igual se va a afectar si les decimos que si y las cosas no salen como esperamos.
En estos casos creo que es mejor usar el lema de “No te presto dinero ni hago negocios contigo porque no quiero dañar nuestra relación” y quizás en el momento no sea tan simpático decirlo, pero si esa persona te aprecia tanto como tu a ella, lo entenderá después.
No obstante, la excepción a esta regla, sería la siguiente: Si estás dispuesto a ayudarle a esa persona, así no te regrese el dinero o no tengas problema si el negocio que te propone no sale bien y ojo: esa decisión no te afecta financieramente, adelante, hazlo pensando en que no es un préstamo sino una donación, en la que generosa e inteligentemente quieres ayudar, sin que esto se convierta en una costumbre, de la cual esa persona termine abusando.
Como lo dice el bien conocido refrán: cuida el centavo que el peso se cuida sólo, pues hasta para dar, ¡debemos tener sabiduría!
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