¿Cómo el ascenso financiero es como el ciclismo de escalada? ¡Descúbrelo pedaleando aquí, en este blog de Consejo Financiero!
Imagínate que al Nororiente de la ciudad de Bogotá donde vivo hay una carretera bastante empinada que lleva a un pueblo llamado la Calera, una población que tiene unos 29,000 habitantes.
Bueno, pues el asunto es que dicha carretera es una de las favoritas de los practicantes del ciclismo en la ciudad y el reto para la mayoría es escalar hasta el famoso peaje de la calera, ubicado en el punto más alto del trayecto donde se puede ver una vista magnifica de la ciudad y donde empieza un cómodo descenso hacia la Calera.
Bueno pues resulta que un buen día un amigo me invitó a subir a dicho lugar y como sabes yo hago ejercicio y me encantan los retos, le dije que ¡de una, que subiéramos! y nos pusimos cita un domingo bien temprano en la mañana.
Bueno, pues ese día saque mi flamante bicicleta todo terreno comprada hace más de 15 años y me dije “Con esta bici, subir al peaje de la Calera va a ser pan comido” y con el físico que me gasto, ufff voy a dejar “regados” a mis amigos.
Bueno, pues llegar de mi casa hasta el lugar donde arranca la carretera es muy fácil, pero otra cosa es cuando empieza el ascenso.
Imagínate que íbamos un grupo de tres: mi amigo, un amigo en común y yo. Bueno pues para dar ejemplo arranque con toda llevando la delantera, 50 metros, 150, 200 quizás 300 metros de distancia en la que me di cuenta de tres tristes verdades: Que la cosa no era tan fácil, que mi super bicicleta claramente no lo era y que mi condición física, aunque buena, estaba lejos de la de un buen escalador.
El caso es que tuve que pasar por la vergüenza de decirle a mis compañeros de viaje que siguieran adelante y que mejor nos veíamos arriba.
Imagínate que la vía a la Calera no sólo es bastante empinada sino que está llena de muchas curvas, lo que hace que debas tener cierto ritmo de pedaleo para no caerte de la bici, por lo que parar a descansar se hace bastante difícil, no sólo por eso, sino porque detrás de uno viene una fila de ciclistas manteniendo el ritmo de asenso y pues parar es como estacionarte en una autopista. Te conviertes en un estorbo.
Bueno, pues te cuento que la angustia, el ahogo y la vergüenza de parar a descansar, agregaron un carga de estrés adicional al asenso, hasta que el cansancio extremo se impuso y tuve que parar para recuperar el aliento, generando un pequeño trancón al borde de la vía, con las justificables quejas de algunos ciclistas que tuvieron que hacer un esfuerzo adicional bordeando el lugar donde me detuve.
Mira, una cosa es hacer una hora de spinning en una bicicleta estática y otra es subir allá… para mí, pedalear en esa carretera era como andar con la bici estática pero con la máxima resistencia y sin oportunidades de descanso.
Y fue cuando entonces surgió en mi una pequeña dosis de indignación y me pregunte: ¿y esto fue todo? ¿hasta aquí llegue? ¿me voy a devolver con el rabo entre las patas y voy a pasar por la vergüenza de dejar a mis compañeros esperándome en la cima? Nooooooo, voy a completar este reto así me toque llegar como sea, ¡pero allá llego!
Entonces resolví heroicamente volverme a subir a la bicicleta, en una carretera que no da tregua ni tiene planitos ni nada y empecé a avanzar poco a poco, hasta que el cansancio me obligo a parar metros después.
Y entonces vino a mi mente una especie de revelación, quizás del cielo que me dijo:
“Fer, si quieres llegar hasta arriba ponte tramos de meta, descansas y retomas el asenso”
¿Te acuerdas que te dije que la carretera estaba llena de curvas? Bueno, pues entonces me puse la meta de descansar únicamente cada una o dos curvas según lo lejos que estuvieran las unas de la otras y hacer todo lo posible por no parar entre ellas.
Y así como habían ciclistas que se continuaban quejando de mis descansos habían otros que me decían “ánimo” y así continúe, avanzando por tramos y dándome cortos descansos hasta que finalmente y contra todo pronóstico pude llegar.
Y precisamente en ese momento, donde se llega a la cima, se respira mejor y se empieza cómodamente a descender, es cuando me di cuenta que semejante esfuerzo había valido la pena y podía disfrutar de la brisa en mi rostro refrescándome y de alguna manera premiándome por cada pedalazo dado.
Al final no solo pude disfrutar la hermosa vista de la ciudad sino disfrutar la satisfacción del deber cumplido… y de paso no haber quedado en vergüenza con mis amigos… así haya llegado un buen rato después jejejeje
Bueno, pues te cuento esta historia porque creo que la vida y las finanzas personales son exactamente eso: Una montaña que debes esforzarte en escalar y que cuando llegas finalmente a la meta, las cosas solo se vuelven mucho más fáciles y quisiera compartir contigo el porqué.
Lecciones para un ascenso financiero
Bien. En primer lugar creo que las finanzas personales son un ascenso financiero porque alcanzar la riqueza financiera no es algo fácil, sino que requiere de dar muchos y constantes pedalazos durante años antes de llegar a la meta.
Bueno ¿y en qué están representados esos pedalazos? Muy fácil, en el ahorro y la inversión constante, ese ahorro e inversión que hacemos enfocados en una meta, así veamos un camino empinado y lleno de curvas.
¿Cómo se explica que una persona como yo sin la preparación adecuada y aún con una bicicleta no tan chévere para escalar, pudo llegar hasta arriba? Simple, sólo porque tomé la decisión de hacerlo y perseveré, dividiendo ojo, un gran meta en pequeños esfuerzos.
Lo mismo pasa con las finanzas personales. Quizás veas que para ti llegar a un ascenso financiero ideal está muy lejos, alcanzar una meta financiera como puede ser pagarte la universidad, comprar tu casa o retirarte con una pensión de $3,000 dólares al mes y como ves esa meta tan lejana pues te conformas con una meta más chiquita comprándote un carro o unas vacaciones o simplemente das la vuelta y abandonas la carrera, dejando de pedalear hacia tu meta.
Bueno, pues para alcanzar un ascenso financiero con grandes metas financieras necesitas hacer algo más que tomar atajos endeudándote o invertir en supuestas soluciones rápidas que te harán rico de la noche a la mañana. No. Lo que necesitas es empezar a ahorrar lo antes posible en forma constante, dividiendo lo que cuesta tu meta financiera en pequeños esfuerzos mensuales, así tal cual yo lo hice yo subiendo la montaña.
Y claro, te va a costar, vas a sudar la gota gorda, porque vas a tener que salir menos a restaurantes, andar en bus o en metro, ajustarte en gastos y en general tener que hacer sacrificios para poder ahorrar cada mes para tu meta y aunque en ciertos momentos tus músculos financieros te van a doler y vas a sentirte tentado a abandonar, vas a descubrir que muy probablemente la cima ya no está tan lejos, lo que te hará recuperar las fuerzas y continuar el asenso.
Como te lo conté en el blog anterior, empecé mi vida financiera con fuertes hábitos de ahorro y gasto controlados, pero pinché durante algunos años cuando me vi envuelto en una espiral de consumo y deudas hasta que me volví a subir a mi bicicleta financiera, buscando un ascenso financiero, pagando las mugres deudas que había contraído en esa oscura etapa de mi vida financiera lo que me permitió retomar el rumbo hacia el cumplimiento de mis metas.
¿Y sabes qué? los pedalazos dados en la primera etapa financiera de mi vida fueron fundamentales para poder recuperarme más rápido del pinchazo financiero que tuve en esos años, pues me ayudaron a salir más rápidamente de las deudas y recuperar la capacidad de ahorro que había perdido en dicha crisis.
Por esta razón es que es muy importante empezar a pedalear por un ascenso financiero lo más joven posible, no sólo porque el ahorro acumulado te puede ayudar a sortear con más facilidad imprevistos o eventuales metidas de pata como la mía, sino porque el esfuerzo financiero que debes hacer cada mes será menor para alcanzar tus objetivos financieros.
Y esto nos lleva a la segunda gran lección que esta aventura ciclística nos deja: Y es que cuando llegas a la cima de cada meta financiera, la vida se vuelve más fácil, como cuando llegas a la cima de la montaña y empiezas un cómodo descenso.
¿Y por qué la vida es más fácil? Sencillo, porque si te has propuesto ponerle orden a tus finanzas y salir de esas deudas que te drenan, ya no tendrás que entregarle la mitad o más de tus ingresos a los bancos por cuenta de capital e intereses adeudados, sino que podrás usar ese dinero para comenzar a materializar cada uno de tus objetivos financieros.
Si como consecuencia de salir de deudas, has sido disciplinado por años ahorrando y logras de esta manera comprar tu casa, pues ya no tendrás que seguir pagando alquileres y aún, empezar a recibir nuevos ingresos si rentas el primer piso o algún cuarto de tu casa;
O por ejemplo, si has sido constante y te has propuesto construir el capital necesario para el negocio de tus sueños, no sólo tendrás una nueva fuente de ingresos, sino que podrás dejar el trabajo mal pago que tenías, dedicándote a lo que mas te gusta;
O si te has propuesto construir una serie ingresos pasivos comprando y rentando inmuebles o invirtiendo en la bolsa de valores por años, pues va a llegar un momento donde tus activos te van a generar más que lo que necesitas para vivir y en ese momento ya no tendrás que trabajar más por dinero, sino trabajar porque quieres y te gusta lo que haces.
Y pudiera seguir dándote más ejemplos pero a lo que voy es lo siguiente:
Cuando sudas la gota gorda los primeros años, vas a poder disfrutar las mieles del éxito financiero las siguientes etapas de tu vida, sin necesidad de llegar necesariamente a los 80 para alcanzarlo, no, de hecho puedes llegar a tener una prosperidad sólida y duradera a tus 40s o 50s, siempre y cuando hayas sido muy disciplinado con tus finanzas desde el comienzo.
Obviamente esta edad de tranquilidad financiera se puede correr a los 60s o 70s, si es que estas empezando a los 40s o 50s, pero créeme: para todos los que decidan empezar a pedalear hoy, hay una esperanza y un futuro financiero.
Para concluir
Bueno, pues estas fueron las dos lecciones financieras que quería compartir de mi aventura ciclística.
Como te lo mencionaba en un comienzo, creo que esta analogía la podemos llevar a cada área de nuestra vida: Por ejemplo: si nos quemamos unos buenos años las pestañas en la universidad, trasnochando, haciendo sacrificios de todo tipo, mañana nuestra vida puede ser más fácil gracias a mejores empleos y por ende ingresos, a que si hubiéramos botado la toalla en nuestra época estudiantil; Si hoy cuidamos nuestra salud, alimentándonos saludablemente y haciendo ejercicio, pues mañana no estaremos en silla de ruedas o con un caminador como los que no quisieron cuidarse; si hoy levantamos una familia dedicando tiempo de calidad, mañana no tendremos hogares rotos, como aquellos que se sumergieron en el trabajo, no, sino que tendremos hogares felices a donde los hijos les encanta llegar.
Mira: Todo lo que vale la pena en la vida cuesta. No hay atajos para una vida fructífera ni mucho menos para la prosperidad financiera.
Cuando me detuve por primera vez exhausto, podría haberme devuelto o simplemente haberme ido caminando y subirme a la bicicleta metros antes de la cima para quedar bien con mis compañeros, pero ¿sabes porque no lo hice?
Fácil, porque quería lograr la meta de manera genuina, sudando, esforzándome y hasta sufrir el rigor de la prueba física, no para demostrarle a los demás que soy un duro, no sino para demostrarme a mi mismo que lo lograría y sobre todo para alcanzar la inmensa satisfacción de lograr una nueva meta en mi vida. Una meta que quizás para otros es algo normal, pero que para mí, fue haber conseguido algo colosal.
Entonces: Si quieres un ascenso financiero exitoso ya sean tus metas personales grandes o chiquitas, te invito a alcanzarlas de manera genuina, sin atajos, trucos ni soluciones rápidas. Eso es lo que en mi humilde opinión, trae felicidad duradera a la vida.
¿Preparado para subirte a la bici?

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